Este primer capítulo nos comienza hablando de el fantástico mundo de los apuntes. Mi experiencia con los apuntes no creo que sea muy diferente a la de otros estudiantes. Rellenar hojas y hojas, con un bolígrafo negro BIC de los de toda la vida con exclamaciones, flechas, títulos, palabras subrayadas y colores chillones para las cosas que se consideraban importantes. Intentar tenerlo todo lo mejor ordenado posible era el objetivo y lo que hacía que "fueras un buen estudiante" o no. Todo esto para memorizarlo, ponerlo en el examen y olvidarlo. Y es verdad, cuando terminaba el examen ni me molestaba en revisar si la fecha de tal revolución o el nombre de tal descubridor era el correcto y lo había puesto bien. Eso ya no importaba, solo importaba que el profesor te diera la nota y ya no tener que pensar en un examen de recuperación.
La mayor parte de las veces era reproducir las palabras que salían de la boca del profesor o estaban escritas en un libro. Creo que por suerte muchos de mis profesores también nos evaluaban de otras formas y me hacían poner el practica lo aprendido con experimentos o experiencias reales. Aunque también y he tenido el otro lado de la moneda, profesores que me contaban un rollo que no me interesaba y ni entendía y se lo soltaba luego en unos folios en blanco, en el examen.
PROFESOR - ALUMNO- APUNTES- EXAMEN- PROFESOR
Este es el círculo que se repetía en cada clase, cada año, cada curso ( con algunas excepciones, claro). En muchos casos no intervenían otros factores pero por suerte yo si que los tuve en algunas ocasiones. Me ha tocado vivir en un pueblo, por tanto en el colegio y los primeros años de instituto todos nos conocíamos, todos éramos y seguimos siendo amigos. Pasamos una mala experiencia lo que nos hizo unirnos, aprender y cuidarnos los unos a los otros. A parte de estos factores, mis profesores, los profesores que tuve en esta etapa han sido los mejores que he tenido hasta el momento. Y las aulas. Podíamos disfrutar de unas clases amplias con grandes ventanas y un paisaje precioso. Salíamos al patio o incluso a dar paseos por el pueblo para aprender, para hacer reales las experiencias. Y lo que más me gustaba, el laboratorio, un lugar lleno de cosas curiosas, las cuales siempre utilizábamos, experimentábamos con ellas, en grupos o individualmente. Experiencias que se perdieron cuando llegue a otro instituto y pude valorar lo que había tenido en mis manos y creo, que si que lo aproveché.
Volviendo un poco al libro, estoy totalmente de acuerdo con los ejemplos que se ponen sobre el cine, las novelas o las exposiciones. No todos entendemos lo mismo por tanto en clase pasa igual, yo lo entiendo de una forma, mi compañero de otra totalmente diferente. Resulta imposible que yo entienda exactamente lo que dice el profesor y nada tendrá que ver con lo que entienda mi compañero. Mi subconsciente y mis experiencias vividas, mi mundo en definitiva influirá en la idea que yo tenga de lo que me esta contando el profesor.
El subconsciente forma parte de el proceso de aprendizaje y las pedagogías invisibles como se llama en el libro. Es muy importante la distribución del aula, la vestimenta del profesor, su actitud, ... e infinidad de cosas en las que nosotros no caemos en la cuenta pero nuestro subconsciente si y nos van influyendo de una forma u otra, positiva o negativa mente.
Otra de las parte del libro que me ha llamado mucho la atención es la parte de la ignorancia: NO HAY NADIE IGNORANTE. Claro que no, no hay nadie ignorante, no hay listos ni tontos, no hay conocimientos altos ni bajos. Unos saben más de algo y otros no tienen ni idea de eso. Yo no tengo ni idea de economía ni entiendo todas esas cosas que sueltan el los telediarios, prima de riesgo, deuda publica,... ni idea, supongo que otras personas lo entenderán. Esto me lleva a ver un ejemplo muy claro en mi entorno. Sí, vivo en un pueblo y hay muchísima gente que no sabe leer, ni escribir, sobre todo gente mayor que por desgracia no ha podido recibir una educación adecuada. Pero ¿son realmente unos ignorantes? Yo creo que ellos saben de otras muchas cosas que yo no tengo ni idea. Pondré un ejemplo: Mi abuelo. Por suerte mi abuelo no es analfabeto, sabe leer y escribir, pero si no lo supiera, no sería un ignorante. Él tiene infinidad de conocimientos sobre el campo , la agricultura, la ganadería y demás cosas que los ha aprendido él solo o los aprendió de otras personas. No hay nadie ignorante sino gente que se interesa más en unas cosas que en otras porque los resultan más interesantes y atractivas. Esto mismo pasa en las aulas, aprendemos muchas veces mas de lo que no nos enseñan de lo que nos pretenden enseñar.
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